jueves, 8 de agosto de 2019

Manuel Peláez del Rosal.- Los orígenes de la ermita de Belén y sus alhajas según un inventario de 1751 (Priego de Córdoba).


LOS ORÍGENES DE LA ERMITA DE BELÉN
Y SUS ALHAJAS SEGÚN UN INVENTARIO DE 1751*

Por Manuel Peláez del Rosal
Cronista oficial de la ciudad de Priego de Córdoba

Publicado en la Revista de la Hermandad de Belén (Anuario)

Lienzo existente en el antiguo emplazamiento 
de la Huerta Palacio. Hoy desaparecido.

  
         Que Priego es un pueblo de hondas raíces religiosas cristianas es una cuestión que pocos, por no decir nadie, se atreve a discutir. Basta repasar su calendario festivo a lo largo del año para percatarnos de esta singularidad que destaca sobre la de muchas otras poblaciones de la provincia e incluso de Andalucía. Y un ejemplo palpable de ello lo tenemos en la devoción a la Virgen de Belén, que se exterioriza a mediados de agosto y a finales de diciembre, meses en los que recibe culto la imagen titular que se entroniza en la ermita de su nombre, la ermita de Belén, en el popular barrio de la Huerta Palacio.

         No me había acercado a esta ventana cultural, sin olvidar su enjundia devota, desde que en 1986 publiqué el libro La Pastorela[1], llevado entonces por el ánimo de escarbar en las raíces costumbristas de su representación, y de volver a poner en escena este “juguete cómico” (entendida sea la palabra en su sentido más purista, sin connotaciones laicistas) clavado en mi memoria de niño desde hacía más de siete décadas, cuando aún existía en el Palenque el Teatro Principal, prácticamente desaparecido del recuerdo imaginario, y en donde con estruendos de zambombas languidecía la tradición navideña.

Desde entonces algunos espíritus sensibles y con entusiasmo, se han dedicado a ponderar y pregonar la fiesta, como lo hizo recientementeJosé María del Pino en 2006, exaltando el misterio con ocasión de celebrarse el primer centenario de la adquisición de la imagen que hiciera en 1905 el artista valenciano Vicente Tena, traída a Priego al año siguiente. Y ha sido ahora el alma inquieta de mi entrañable amigo Francisco AntonioMonje quien me ha invitado a colaborar en esta publicación, lo que hago muy gustosamente, despertando el gusanillo de la investigación y aportando nuevos datos para su constancia y preservación, máxime cuando correnlos nuevos aires que han tocado a rebato con un coro, un blog, una ruta de belenes y una revista que da cuenta de las noticias y de los proyectos de la ahora denominada Hermandad de la Sagrada Familia de Belén.

Pues bien. La ermita de Belén en Priego no es, como se ha reiterado hasta la saciedad, una “invención del siglo XVIII”, sino que hay rastros documentales e indicios que la remontan al siglo XVI, centuria en la que ya existió un edificio en el arrabal de la Huerta Palacio, que como su propio nombre indica fue un predio propiedad de los Herrera[2], parientes de los marqueses de Priego y por aquellos tiempos gobernadores en lo civil y en lo militar del “concejo, justicia y regimiento” de la villa . El dato que hemos localizado entre la documentación existente en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba es importante, porque nos retrotrae por lo menos a dos siglos antes de la fecha en la que se suponía y sustentaba como la originaria. Lo curioso del caso es que en las Constituciones sinodales publicadas en el año 1542 en Alcalá de Henares por don Juan Dávila y Arias, abad que fue de Alcalá la Real durante más de medio siglo (1503-1556) al citar las iglesiasde la abadía a la que pertenecía nuestra ciudad dice que había “…en Alcala la Real: sant Juan Baptista, san Sebastian, sancta Anna. En Priego: sancto Nicasio, sant Anton (hoy Mercedes), sant Sebastian (hoy Cabeza), santLuys (desaparecida). En Castillo de Locubin: sant Sebastian, Nuestra Señora de los Remedios, JesusMaria, la Concepcion. En Carcabuey: san Marcos”.

Claro está que la referencia es a los templos entonces considerados como “ermitas” del extrarradio, de fuera del casco urbano, diríamos hoy, y no a las restantes iglesias mayores como las unidas de Santa María y Santiago (la parroquiadcspués de la Asunción) o a las conventuales, como la de San Francisco, ambas con rango de mayor entidad, que omite, por lo que con mayor razón la fuenteimpresa no tiene en cuenta otros espacios de culto de menor entidad, como los beaterios o capillas de culto, como sería el caso que nos ocupa[3]. Pero el dato está ahí y habrá que continuar por la senda emprendida para encontrar más noticias al respecto que hablen de su antigüedad.

Efectivamente la ermita de Belén se construyó “nuevamente” entre los años 1741 y 1747, con mucha fatiga, por cierto, y también es conocido que los fundadores fueron Luis de Luque, Juan Manuel Carrillo, Francisco Javier de Lucena y Esteban Martín, quienes presentaron un memorial que se vio en el cabildo municipal celebrado el 13 de marzo de 1741solicitando licencia para tomar una corta porción que necesitaban de la calle llamadaEnmedio de la Huerta Palacio, para en el solar elegido poder edificar la ermita que intentaban hacer dedicada a Nuestra Señora de Belén, “que antes estaba en el arco que se demolió por amenazar ruina”[4].

Según este documento sabemos que la antigua o anterior ermita estaba situada en la calle Huerta Palacio, tal vez -me atrevo a afirmar- en la casa que lucía hasta hace pocos años una hornacina con un lienzo alusivo, más abajo de la que fue casa solariega del obispo-arzobispo Caballero y Góngora, tío de don Juan Gualberto Caballero y León[5], que fue uno de los fundadores de la denominada Confraternidad de Nuestra Señora de Belén, en el último tercio del siglo XVIII, predecesora de la actual hermandad.

En 1751, diez años después de la petición para construir la nueva ermita, en un inventario[6] de las iglesias y ermitas de Priego existentes en aquella fecha, que se encuentra en el Archivo de la Parroquia de la Asunción, el capellán que se llamaba Francisco Antoniorelaciona el ajuar(las alhajas) que tenía la ermita:

-“En el altar (existe) una hechura de un Niño Jesús de yeso con sus colores y otra hechura de señor San Antonio de los mismo”.
-“Más ocho láminas de papel con diferentes hechuras”.
-“Mas dos pares de manteles de tiradizo para dicho altar; los unos fueron de limosna y los otros se compraron con la limosna de los devotos”.
-“Más dos pares de palias (trozo de tela almidonada para tapar el cáliz durante la misa) para dicho altar con encajes”.
-“Más dos cortinas de tafetán carmesí”.
-“Más tiene cuatro lienzos de pintura basta”.
-“Más dos velos de tafetán, el uno verde, y el otro de color de oro para adorno de la dicha imagen”.
-“Más tiene la imagen un corazón de plata de una onza. Tiene una lámpara de azófar(latón)”.
-“Más tiene dos pares de bugías de azófar”.
-“Mas tiene un frontal de pintura”.
-“Más tiene cuatro lienzos de pintura pequeños”.
-“Más tiene una campana en la torre”.
-“Más tiene la ermita unos asientos a modo de escaños tomados con yeso a la pared”.
-“Más tiene la sacristía de dicha ermita un cajón, el que dio la Santa Iglesia, y los devotos le hicieron una gaveta (cajón corredizo), en la cual hay dos recados (vestimentas) para celebrar, el uno de tafetán raso demediado, y el otro de tafetán verde”.
-“Más dos amitos (prenda de tela que cubre el cuello y la espalda del sacerdote en ceremonias religiosas), el uno de la santa iglesia, y el otro lo dieron de limosna”.
-“Más un alba de crea (tela de hilo) con encajes”.
-“Más un cáliz con su patena”.
-“Más dos pares de corporales de bretaña de los devotos”.
-“Más un espejo, el que dieron de limosna”.
-“Más un sillón viejo”.
-“Más un arca para el uso de dicha sacristía”.
-“Más dos lienzos de pintura basta”.

         Un breve comentario nos suscita esta relación expresiva de la actividad de la ermita a mediados del siglo XVIII. Llama la atención el culto que se tributaba al Niño Jesús y a San Antonio y la existencia de pinturas y granados (diez lienzos y ocho láminas) que no sabemos qué representarían y que desgraciadamente no se nos han conservado, pero que posiblemente procedieran de la ermitaantigua, anterior a la terminada en 1747, y sin duda alguna con escenas de la Virgen. Asimismo nos sorprende el abundante ajuar existente entre los bienes de la ermita y las aportaciones y limosnas de los devotos para su culto y uso, la campana de la torre para llamar a misa y otras prácticas religiosas y los asientos de mampostería pegados a los muros perimetrales interiores, aunque de yeso, y no de madera como los que aún conserva la ermita de la Virgen de la Aurora.

         Dejamos para otra ocasión historiar la vida de los personajes sobresalientes que contribuyeron a fomentar el culto de la Virgen de Belén, como el ya referido sobrino del obispo Caballero, don Juan Gualberto. También merecen un comentario los estatutos de la Hermandad del año 1913. Y seguimos con el empeño de que vuelva a representarse la Pastorela por Navidad, de la que se conserva no solo el texto, sino también la música y a mayor abundamiento viven todavía muchas personas que recuerdan el regocijo que producía no solo a los pequeños, sino también a los mayores, y que se prestarían a que se haga como antaño.

¡Ánimo, Hermandad!


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[1] Peláez del Rosal, M. y Ocaña Vergara, J.,La Pastorela,Tipografía Católica, Córdoba, 1986.
[2] Peláez del Rosal, “Los Herrera, una familia de poderosos en el Priego del S. XVI”, en Revista Fuente del Rey, nsº 93-94 (1991), pp.12-15 y 18-20.
[3]Que ningunclerigo ni lego administre ni tenga hermita. Y que los hermitañosesten en ellas con nuestra licencia y no de otra manera. Y den cuenta de los bienes y rentas y limosnas de las dichas hermitas a los mayordomos que los recibieren. Y que no pidan limosna para ellas sin nuestra licencia. Y memoria de las hermitas de nuestra abbadia” (Capitulo XVIII, Título V, de las Constituciones de 1542).
[4] Archivo Municipal de Priego (AMP), leg. 16 (1741-1750).
[5] Fue racionero entero o prebendado de la catedral de Córdoba, cfr. Díaz Rodríguez, A. J., “Diccionario biográfico de la catedral de Córdoba (I): Los miembros del cabildo en época moderna”, enHistoria y genealogía nº 5 (2015), p. 97.
[6] Hemos actualizado la grafía del documento para una mejor comprensión.